Madrastra colombiana pide que la deje preñada
Desde que su marido le confesó que no podía darle más hijos, ella empezó a mirarme con esos ojos de puta necesitada cada vez que me veía sin camiseta... la primera noche no resistí y le metí los dedos en el coño empapado mientras me pedía a gritos que la follara como un hombre. Su culo redondo y duro temblaba bajo mis embestidas cuando la puse a cuatro patas sobre la cama del cuarto de invitados, con esa polla gruesa que le clavé hasta el fondo hasta hacerla aullar como una perra en celo. Mientras le chupaba los pezones duros como piedras le susurré al oído que si quería un bebé, tendría que tragarse cada gota de mi leche bien caliente. La muy zorra se corrió tres veces seguidas antes de que yo mismo me corriera dentro de su coño goteante, llenándola hasta el fondo con mi semen espeso mientras ella gemía que quería más, más y más. No contenta con eso, al día siguiente se puso ese vestido ajustado que le marca el culo de puta y me llevó al sofá para cabalgarme como una experta, moviendo las caderas en círculos hasta que sus jugos resbalaban por mis muslos. La vecina nos escuchó desde el patio y se masturbó mientras veía cómo la madrastras se dejaba empotrar sin piedad, con la polla bien adentro hasta que no pudo más y se dejó caer sobre mí, exhausta pero con una sonrisa de oreja a oreja. Al final, cuando ya no podía ni respirar, me pidió que la dejara preñada de verdad... y yo, como un cabrón, le di lo que quería una y otra vez hasta que su barriga empezó a redondearse bajo mis manos sudorosas.