Madrastra caliente me llena el coño de leche
Desde que supe que mi madrastra tenía ese culo respingón y esas tetas grandes que le rebotan al caminar, no pude evitar imaginármela gimiendo debajo de mí mientras le metía la polla hasta el fondo. Una tarde, mientras mi papá estaba en el trabajo, la encontré en la sala con ese vestido ajustado que le marcaba todo el cuerpo, bebiendo un trago de ron directo de la botella. Al verme entrar, se pasó la lengua por los labios carnosos y me soltó un 'hijo, qué calor hace aquí' con voz de puta necesitada. Antes de que pudiera reaccionar, ya le había arrancado el vestido dejándole los pechos desnudos y esos pezones duros que tanto me volvían loco, y le metí dos dedos en el coño empapado sin avisar. Ella chilló como una perra en celo, agarrándome del pelo mientras le lamía los pezones y le metía la mano en los panties para sentir lo mojada que estaba. En un segundo estábamos en el suelo, yo encima de ella empotrándola contra la alfombra con embestidas brutales que hacían vibrar sus tetas cada vez que la llenaba hasta el fondo. La escuché gritar 'más fuerte, cabrón, métemela toda' mientras le clavaba las uñas en las nalgas para que no se moviera, y el sonido de sus caderas chocando contra mis muslos era música para mis oídos. Cada vez que la penetraba hasta el fondo, sentía su coño apretándome como un puño caliente que no quería soltarme, y sus gemidos se volvieron más agudos hasta que se corrió con un espasmo que le sacudió todo el cuerpo. Pero no paré ahí, le di la vuelta como a una muñeca y se la metí por detrás, agarrándole el culo redondo para que no se escapara, mientras ella se agarraba de la pata de la mesa para no caerse. La sentí temblar cuando le corrí dentro como un animal, llenándole el útero con mi leche espesa mientras le mordía el hombro para ahogar sus gritos de placer. Cuando terminamos, quedó tirada en el suelo con las piernas abiertas y el coño goteando, respirando como si hubiera corrido una maratón, pero con una sonrisa de puta satisfecha en la cara.