Confundida con mi madrastra me empotró duro por detrás
La nueva novia de mi padrastro llegó con ese culazo que le temblaba bajo el vestido ajustado y yo no pude evitar quedarme mirándola con la boca abierta cuando pasó frente a mí en tacones altos. Él, que siempre me había tratado como a una niña, me agarró de la cintura con fuerza y me susurró al oído que no dijera nada, que solo me dejara llevar, que era nuestra pequeña mentira por una noche. Antes de que pudiera reaccionar, ya me tenía contra la pared del pasillo con los pechos bien marcados contra el espejo mientras me bajaba el tanga negro de encaje que llevaba puesto para él. La polla gruesa de mi padrastro se deslizó dentro de mi coño empapado sin piedad, haciéndome gemir tan fuerte que tuve que morderme el labio para no alertar a mi mamá que dormía en el sofá. Cada embestida profunda me hacía sentir cómo su gorda cabeza rozaba mi punto más sensible, sacudiendo todo mi cuerpo hasta dejarme temblando y con las piernas convertidas en gelatina. Él me agarraba del pelo con una mano y con la otra me apretaba el culo redondo y palpitante, hundiéndose más y más hasta que sentí sus pelotas golpeando contra mi entrada mojada. Los gemidos se convirtieron en gritos ahogados cuando me penetró con tanta fuerza que el espejo vibró y una de las fotos familiares cayó al suelo hecha añicos. El sudor le resbalaba por la espalda mientras me empotraba contra la madera, su verga enorme abriéndome por completo y llenándome de ese calor que solo un hombre adulto sabe dar. Cuando por fin se corrió dentro de mí con un gruñido animal, sentí cómo su leche caliente me inundaba el coño mientras mis paredes lo apretaban sin querer, ordeñándolo hasta dejarlo seco. La mancha blanca en mi tanga arrancado quedó como prueba de nuestro pecado, pero a ninguno de los dos nos importó cuando nos desplomamos en el suelo, jadeantes y con el corazón a mil por hora, sabiendo que esto era solo el comienzo de algo mucho más sucio.