Leia Rae domina a su padrastro pervertido con su coño húmedo
—'No te atrevas a tocarme, viejo asqueroso'— le susurraste con esa voz que te volvía loco, pero tus ojos ya estaban clavados en el escote de Leia Rae, en cómo se movía esa polla dura bajo el pantalón. Llevabas días mirándola en secreto, imaginando cómo sería sentir esas tetas firmes en tus manos, cómo gemiría si la agarrabas del pelo y la obligabas a chuparte hasta las pelotas. La tensión se cortaba con cuchillo, y cuando por fin la encontraste en tu habitación, con esa mirada de desafío, no pudiste resistirte. Te arrodillaste frente a ella, le arrancaste las bragas de un tirón y hundiste la cara en ese coño mojado, lamiendo cada pliegue mientras ella te empujaba la cabeza más adentro, gimiendo como una puta en celo. Te la chupó con furia, metiéndosela hasta el cuello del útero mientras te agarraba del pelo, marcando el ritmo con sus caderas. Cuando ya no aguantaste más, la tiraste sobre la cama y te la follaste de una estocada, sintiendo cómo ese coño apretado te envolvía como un guante. Cada embestida era más violenta, más salvaje, hasta que por fin te corriste dentro de ella, llenándola entera. Mientras te miraba con esa sonrisa de satisfacción, solo pensabas en una cosa: esto no había terminado.