Kira Pérez se traga pollas enormes hasta ahogarse
La morena de curvas explosivas ya tenía la boca bien abierta antes de que él siquiera se bajara el pantalón, ansiosa por sentir cada centímetro de esa verga gruesa hundirse en su garganta. Con los labios pintados de rojo chupó la cabeza hinchada mientras sus tetas pesadas se balanceaban al ritmo de sus gemidos, esos que solo salían cuando la polla le rozaba el fondo de la boca y le hacía toser con los ojos vidriosos. No bastó con el coño ya empapado que le temblaba entre las piernas, así que la muy puta se arrodilló en el suelo frío y se la metió hasta las pelotas sin piedad, ahogándose en babas mientras escuchaba el sonido húmedo de su garganta siendo usada. Él no se contuvo ni un segundo más: agarró su pelo corto y negro para empotrarla sin compasión, sintiendo cómo su coño se contraía alrededor de los dedos que le metió sin aviso mientras le gruñía al oído que no parara de tragársela. La polla le llegaba hasta el estómago cada vez que la embestía, y Kira no podía más que jadear entre arcadas, con las mejillas rojas y los muslos pegajosos de sus propios jugos. Él le escupió en la cara antes de darle la vuelta como un trapo, clavándosela por detrás con tanta fuerza que el choque de caderas resonó en toda la habitación. El culo le temblaba al ritmo de las embestidas brutales mientras ella gritaba que le reventaba el coño, pero no le importaba, solo quería correrse sobre esa verga que la destrozaba por dentro. La corrida le llegó como un maremoto cuando él le llenó la boca de leche espesa y caliente, obligándola a tragársela toda mientras sus tetas se aplastaban contra el suelo y el coño le latía sin control. No hubo piedad ni un segundo de descanso: antes de que terminara de tragar, ya le estaba chupando las pelotas con desesperación, buscando la próxima eyaculación mientras sus gemidos se mezclaban con los sonidos de carne chocando contra carne. Cuando por fin se corrió dentro de ella, Kira se desplomó rendida, con la boca roja y el coño tan abierto que hasta se le veía el interior brillante de tanto placer sucio.