Exprofesora rubia recibe castigo del poli por robar
La rubia de tetas gordas no pudo evitar que el poli Ryan la descubriera robando en su propia oficina, pero en vez de llevársela a la cárcel la arrastró hasta el almacén donde las paredes huelen a polvo y a sudor viejo. Con las manos temblorosas ella intentó excusarse balbuceando que solo quería un perfume, pero él ya le había arrancado el tanga negro de encaje dejando al descubierto un coño empapado que olía a desesperación y a lujuria barata. Ryan no era cualquier hombre, llevaba la porra colgando y una mirada que le helaba la sangre mientras le ordenaba arrodillarse frente a su bulto enorme, que ya se marcaba contra el pantalón de uniforme como si fuera a reventar. La muy puta no tuvo más remedio que obedecer, abriendo esos labios carnosos alrededor de la polla venosa mientras el poli le agarraba el pelo teñido para empotrarle la garganta hasta hacerla ahogarse con sus propios gemidos. Él le escupió en la boca diciéndole que por putilla se lo merecía, y ella tragó saliva mezclada con pre-semen mientras sus tetas enormes se sacudían con cada embestida brutal. Cuando Ryan la levantó de las rodillas le dio la vuelta como si fuera un trapo sucio, le escupió en el culo para lubricar y le clavó la verga hasta el fondo sin piedad, haciéndola gritar como una perra en celo mientras él le azotaba las nalgas con la porra hasta dejárselas rojas y brillantes. Ella se corrió tres veces seguidas, empapando el suelo de fluidos mientras él le llenaba el coño con chorros calientes de leche espesa que le resbalaban por los muslos temblorosos. Antes de irse le advirtió que si volvía a robar la llevaría ante el juez, pero esta vez no con cargos por hurto, sino por ser una zorra que no puede vivir sin que le metan la polla hasta el fondo.