Eternum: la venganza sexual que no olvidaré
Me la encontré en su habitación, con la ropa interior que él le regaló, y supe que era el momento perfecto para cobrarme lo que me había hecho. Le arranqué el sostén de un tirón y le mordí los pezones hasta que gimió, sabiendo que cada gemido era un puñal en su conciencia. Mi polla ya estaba dura como piedra cuando le bajé las bragas y le metí dos dedos en el coño, sintiendo lo mojada que estaba por la rabia. 'Te gusta que otro te folle, ¿verdad, puta?' le susurré al oído mientras le abría las piernas de una patada. La empujé contra la pared y le clavé la verga de una estocada, sintiendo cómo su culo se apretaba alrededor de mi polla. Cada embestida era más fuerte, más profunda, hasta que sus uñas se clavaron en mi espalda y supe que estaba a punto de correrse. 'Dime que te gusta más que él', le exigí, y cuando lo admitió entre jadeos, le di vuelta y la empotré contra el colchón, follándola como si fuera la última vez. En más de 14 minutos de escena, la hice gritar mi nombre mientras me corría dentro de ella, marcando mi territorio. La próxima vez, será aún peor.