El policia me mete el bastón por el culo duro
El cabrón del uniforme me agarró del pelo y me empujó contra la pared del callejón con ese aire de superioridad que me pone los huevos más duros que el mármol. Le vi sacarse el bastón de la funda con una sonrisa de depredador y supe que no había vuelta atrás, que esa noche iba a recibir lo que tanto deseaba: un castigo bien merecido entre las nalgas. Me bajó los pantalones de un tirón, dejando mi culo al aire y listo para ser usado, mientras él se relamía los labios y acariciaba el grueso madero negro con las dos manos. No hubo preliminares ni falsas modestias, el tío me escupió en el agujero antes de clavármelo sin piedad, arrancándome un aullido que resonó entre los edificios. Cada empujón del bastón me abría más el culo, metiéndome hasta la empuñadura mientras sus huevos golpeaban contra mis muslos y su polla dura como un palo se frotaba contra mi espalda. Grité como un cerdo en matadero, pero él solo se reía y me empotraba más fuerte, ordenándome que aguantara el dolor porque lo que venía después iba a ser peor. Sentí cómo el bastón me estiraba por dentro, abriéndome paso hasta lo más profundo mientras sus embestidas se volvían caóticas, como si ya no pudiera controlar el frenesí que lo consumía. Entonces me dio la vuelta de un manotazo y me empaló contra el suelo frío, con mis piernas en alto y mi culo abierto como un libro, mientras él se sacaba la verga y me la metía hasta la garganta antes de correrse a chorros sobre mi cara. El bastón seguía dentro, retorciéndose en mis entrañas como si buscara sacarme las tripas, y yo solo podía gemir entre arcadas con la leche resbalándome por la barbilla. Cuando por fin me soltó, noté cómo el culo me ardía como si me hubieran metido fuego, pero la sonrisa de satisfacción que me dedicó el poli valió cada segundo de sufrimiento y de placer sucio que acababa de vivir.