Artemisa recibe un empotre brutal con strap-on
Artemisa llevaba semanas soñando con probar esa verga de plástico que tanto le excitaba ver en las redes, pero nunca imaginó que su vecina, esa rubia de curvas explosivas y mirada de zorra, se lo fuera a clavar tan fuerte en su coño empapado. La primera vez que sus labios se rozaron fue pura electricidad: lengua contra lengua, jadeos ahogados y manos que se agarraban a sus caderas como si fueran a romperle la piel. La morena, con esos muslos de infarto y un culo que parecía hecho para ser empotrado, le susurró al oído que le iba a meter el strap-on hasta el fondo sin piedad. Artemisa gimió cuando sintió el frío del silicona rozando sus pliegues antes de que la punta se hundiera sin aviso en su raja chorreante, estirándola hasta hacerla gritar. Las embestidas eran brutales: cada golpe del arnés le sacudía el vientre, le hacía vibrar las tetas y le dejaba la boca abierta en un aullido de placer mezclado con dolor. La rubia no se detenía ni un segundo, con los pies bien plantados en el suelo y las manos sujetando la cadera de Artemisa para clavarle hasta lo más profundo, haciendo que su coño se llenara de una mezcla de jugos y sudor resbaladizo. Artemisa, con la cara pegada al colchón y las uñas clavadas en las sábanas, solo podía gemir y suplicar que no parara, que la follara más fuerte, que le partiera el coño en dos. El sonido de los muslos chocando contra su culo resonaba en toda la habitación, mezclado con los gruñidos de satisfacción de la rubia, que cada vez que empujaba más adentro le decía lo buena putita era y lo bien que le quedaba ese strap-on dentro. Artemisa sintió cómo el orgasmo se le acumulaba en el bajo vientre como una ola hirviente, y cuando la rubia le agarró del pelo y le ordenó que se corriera, no pudo resistirse: un chorro de leche caliente le brotó del coño mientras gritaba como una posesa, con los muslos temblorosos y el cuerpo recorrido por espasmos. La rubia, lejos de parar, siguió embistiéndola sin piedad hasta que Artemisa, exhausta y con el coño en carne viva, solo pudo rendirse ante tanto placer, dejándose caer sobre el colchón mientras la otra se reía satisfecha y le limpiaba los restos de corrida con la lengua.