Cassie con un culo enorme y teta gigante
Cassie llegó a la fiesta con ese culazo redondo que no cabía en ningún jeans ajustado y esas tetas enormes que se le salían del escote todo el tiempo, pero nadie imaginaba hasta dónde llegaría su locura cuando empezó a mover ese culo contra el regazo de ese tipo alto y moreno que no paraba de babearle el cuello con besos húmedos. Él le agarró las tetas por encima de la blusa mientras ella se retorcía encima de su entrepierna, sintiendo cómo la polla gruesa le apretaba el coño sin piedad desde atrás, empalándola contra el respaldo del sofá con embestidas que le hacían soltar unos gemidos agudos y mojados. No tardó en desnudarla por completo: primero le arrancó la falda hasta los tobillos, luego le bajó el sujetador para dejarle las tetas al aire, pesadas y palpitantes, mientras sus dedos jugaban con los pezones duros como piedras. Ella le chupó la polla con voracidad, lamiéndole el glande grueso y venoso antes de dejar que se la clavara de una sola vez, hundiéndosela hasta el fondo con un crujido húmedo que resonó en toda la sala. Cassie jadeó mientras él la empotraba contra la pared, con las manos aferradas a sus caderas anchas para que no se le escapara ese culazo que le hacía perder la cabeza, sintiendo cómo el coño le ardía de tanto follar sin parar, hinchado y empapado de crema caliente. La polla enorme le llegaba hasta el útero con cada empujón brutal, haciendo que ella gritara con cada embestida, con los muslos temblorosos y el clítoris tan sensible que solo unas pocas caricias le bastaron para correrse en chorros gruesos sobre esa verga que no dejaba de bombearle hasta dejarla agotada y satisfecha. Cuando por fin se dejó caer sobre el sofá, con las tetas pegajosas de sudor y el coño goteando leche espesa, él le susurró al oído que nunca había visto un culo tan perfecto ni una polla tan dura capaz de aguantar tanto jaleo. Cassie sonrió con la boca llena de babas y saliva, pero antes de que pudiera recuperarse, ya estaba otra vez de pie, con ese culo moviéndose como si no hubiera mañana, lista para que la llenaran de nuevo con esa verga monstruosa que no paraba de gotear entre sus piernas abiertas.