Cheyenne Rose te domina con una mamada de infarto en el conservatorio
El piano del conservatorio siempre estuvo ahí, brillante bajo la luz de la tarde, pero hoy tenía otro propósito: ser testigo de cómo esa puta de curvas perfectas se arrodilló frente a mí sin perder tiempo. Cheyenne Rose llevaba semanas provocándome con fotos de su tanga ajustado y miradas que prometían más de lo que podían cumplir, hasta que hoy cruzó la línea al rozar su culo redondo contra mi polla mientras afinaba las teclas. No aguanté más: la agarré de la melena castaña y la obligué a hincarse, su boca rosa abierta y llena de saliva para tragarse mi verga entera de una sentada. Gemía como una cerda mientras mis huevos chocaban contra su barbilla, escupiendo y ahogándose en cada embestida que le metía hasta el fondo, su lengua jugueteando con la punta como si fuera un puto caramelo. Cuando empezaron a caer gotas de su saliva sobre mis muslos, supe que estaba perdida: me lamía los huevos con tanta devoción que hasta cerró los ojos, disfrutando cada segundo. No me detuve hasta que le llené la garganta de leche caliente, y mientras tragaba, vi cómo su coño se mojaba aún más pensando en lo bien que lo había hecho. Ahora, mientras se limpia los labios, solo piensa en una cosa: en cuánto tiempo pasará hasta que vuelva a tener mi polla en su boca.