Adriana se deja llenar de leche en su bata favorita
"No deberíamos hacer esto", me susurró Jerry mientras sus manos ya me desataban la bata, pero mi coño ya estaba tan mojado que no me importó el remordimiento. Me arrodillé frente a él, sintiendo su verga dura rozar mis labios antes de metérmela entera de golpe, tragando hasta que las lágrimas me nublaron la vista. Él gruñó y me agarró del pelo, marcando el ritmo mientras mi saliva chorreaba por su polla. Después, me puse a horcajadas sobre él, rebotando hasta que sus dedos se clavaron en mis caderas, dejando marcas rojas en mi piel. Cuando me dio la vuelta para empotrarme en cuatro, el sonido de sus pelotas golpeando mi culo resonó en toda la habitación. Me corrió adentro sin avisar, llenándome hasta que su leche goteó por mis muslos. Ahora mi bata está tirada en el suelo, manchada y arrugada, pero no me importa.