Cherry Kiss se traga la polla de Jay Romero hasta las pelotas
El sonido de su cinturón al caer al suelo me hizo mojarme al instante, sabiendo lo que venía después. Jay Romero no perdió tiempo en desabrocharse los pantalones, dejando que su verga dura como piedra rebotara contra su abdomen antes de acercarse a mí. Me había pasado toda la tarde provocándolo con fotos en ropa interior ajustada, rozándome contra él cada vez que pasaba, hasta que ya no pudo aguantar más. Ahora estaba frente a mí, con esa mirada de hambre que me encendía, y yo arrodillada, lista para chupársela como una puta desesperada. Su polla olía a sudor y a hombre, un aroma que me hizo gemir antes de meterla entera en mi boca, sintiendo cómo mi garganta se estiraba al máximo. Jay gruñó cuando mi lengua rozó el glande, y yo me la saqué un segundo para escupirle en la punta antes de volver a tragármela, esta vez hasta que sus pelotas golpearon mi barbilla. Cada vez que la sacaba, mi saliva colgaba de su verga, brillante bajo la luz, y yo la lamía como si fuera un helado, disfrutando de su sabor salado. Jay me agarró del pelo, empujándome hacia adelante para que la tomara más profundo, y yo obedecí, ahogándome un poco pero sin dejar de chupar. Cuando ya no pude más, me la saqué y me limpié la boca con el dorso de la mano, mirándolo fijamente mientras me levantaba. Su respiración era agitada, y su polla seguía dura, goteando de lo mojada que estaba mi saliva. Sabía que no había terminado conmigo, pero por ahora, me encantaba verlo así, desesperado y listo para follarme como nunca.