Graycee Baybee se traga la polla de Nade Nasty en un polvo arriesgado
Era media tarde en un apartamento de paredes delgadas cuando Graycee Baybee se arrodilló frente a Nade Nasty, sus labios carnosos ya brillando de saliva. Él le agarró el pelo con fuerza mientras ella le metía la polla hasta las pelotas, ahogándose con cada embestida mientras sus gemidos quedaban ahogados por el miedo a que los vecinos escucharan. La saliva le escurría por la barbilla, mezclándose con el sudor que le corría por el pecho, y Nade Nasty no paraba de gruñir, "¡Así, puta, chúpame bien!" mientras le empujaba la cabeza contra su entrepierna. Graycee jadeaba entre arcadas, sintiendo cómo la polla le rozaba la garganta, y de pronto, Nade Nasty le escupió en la cara antes de obligarla a lamerle los huevos, sus dedos clavados en sus mejillas. El ruido de pasos en el pasillo los hizo congelarse por un segundo, pero Graycee siguió chupando con más fuerza, como si el riesgo de ser descubierta la pusiera más cachonda. Nade Nasty le agarró las tetas con una mano mientras con la otra le empujaba la cabeza hacia abajo, follándole la boca con brutales movimientos de cadera. Graycee se ahogaba, pero no se detenía, sus ojos llorosos fijos en los de él, desafiándolo a ir más lejos. Cuando Nade Nasty por fin se corrió, lo hizo con un gruñido animal, llenándole la boca hasta rebosar, y Graycee tragó todo sin perderse ni una gota, sintiendo el semen caliente bajarle por la garganta. Él le limpió la cara con los dedos antes de empujarla contra la pared, sus manos bajando hacia su coño empapado. Graycee gemía en silencio, mordiéndose el labio para no gritar mientras él le metía los dedos sin piedad, sus caderas moviéndose al ritmo de sus embestidas. En más de 10 minutos de escena, el peligro de ser pillados solo los excitaba más, y cuando todo terminó, Graycee solo podía pensar en lo mucho que le gustaba ser una puta obediente.