Rubia ardiente y milf se lamen el coño sin parar
La rubia Sage Rabbit llegó tarde a clase con su uniforme ajustado y el olor a sudor pegado entre sus muslos, pero lo que más la traía de cabeza era el recuerdo de la noche anterior cuando Dee Williams le pasó la lengua caliente por todo el cuerpo. La milf mayor ya estaba esperándola en el vestuario de la universidad con las tetas enormes rebotando bajo la blusa transparente, mordiéndose el labio inferior mientras le ordenaba con voz ronca que se quitara el sujetador blanco de encaje. Sage no necesitó más para soltar un gemido ahogado y dejar que la mano experta de Dee se enredara entre sus muslos depilados, sintiendo cómo el coño de la rubia ya estaba empapado antes de que siquiera la rozaran. La milf le lamió los pezones duros como piedras mientras sus dedos jugaban con los pliegues húmedos de Sage, que arqueó la espalda y empezó a jadear como una puta en celo cuando la lengua áspera de Dee le recorrió el clítoris hinchado. Las dos se desnudaron a toda prisa, sus tetas naturales chocando entre sí mientras se besaban con lengua, saliva y desesperación, los tatuajes de Dee brillando bajo la luz fluorescente del vestuario. Sage se dejó caer de espaldas sobre el banco de madera, abrió las piernas de par en par y su coño rosado y brillante recibió la cara de Dee, que no perdió tiempo en enterrar la nariz en el vello rapado mientras comía ese coño como si fuera su postre favorito. La milf mayor le chupó el clítoris con movimientos circulares, metiendo dos dedos gruesos dentro de Sage al mismo tiempo que le mordisqueaba los muslos internos, haciendo que la rubia gritara con voz aguda y se agarraba a los bordes del banco como si se fuera a partir en dos. Dee cambió de posición, se subió encima de Sage y empezó a cabalgarla como una posesa, sus tetas enormes rebotando sin control mientras sus coños chorreantes se frotaban con un sonido húmedo y obsceno. Sage le agarró el culo firme de Dee y la empujó contra su entrepierna, sintiendo cómo el coño de la milf goteaba sobre el suyo mientras las dos se corrían a la vez, sus gemidos mezclándose con el eco de los azulejos del vestuario. Cuando terminaron, quedaron tumbadas una contra la otra, jadeando y con las piernas temblorosas, los cuerpos cubiertos por una capa de sudor y los coños pegados de fluidos calientes.