Negra follando con strap-on a su amante rubia
La morena llegó a la fiesta con ese vestido ajustado que le marcaba cada curva del culo prieto, y desde que la rubia la vio lamerse los labios con esa mirada de puta necesitada, supo que esa noche no dormirían. Las dos se metieron al baño, cerraron con llave y la negra no perdió ni un segundo: la empujó contra el lavabo, le bajó la tanga de encaje rosa y le hundió los dedos gruesos en el coño empapado mientras le mordisqueaba el cuello. La rubia gimió como una perra en celo, sus tetas rebotando con cada embestida de los dedos enterrados hasta la segunda falange, y entonces la negra sacó el strap-on con ese arnés negro que le apretaba el culo redondo como una sandía madura. Se lo ajustó rápido mientras la rubia se agachaba sobre el inodoro, ofreciéndole ese culito tembloroso y bien abierto para la polla de goma que ya goteaba lubricante frío. La primera embestida la dejó sin aire, el sonido de carne contra carne llenó el baño junto con los gritos ahogados de la rubia, que se aferraba al borde del lavabo mientras la negra la empotraba con fuerza, su cadera golpeando contra ese culo blanco que se ponía más rojo con cada movimiento. La negra le pasó la mano por la espalda sudorosa, le agarró de las tetas y le susurró al oído que era una puta mala que necesitaba que la llenaran bien, y la rubia solo atinó a gemir mientras el strap-on entraba y salía de su coño con sonidos obscenos de succión. Cuando la negra sintió que los muslos de su amante empezaban a temblar y sus gemidos se volvieron agudos como los de una cerda en celo, aceleró el ritmo, clavándoselo hasta el fondo mientras la rubia se corría gritando como si se le fuera la vida, su coño chorreando leche por las piernas mientras el strap-on seguía metiendo y sacando hasta dejarla seca. La negra no se detuvo ahí: le dio la vuelta, la levantó como si no pesara nada y la empaló contra la pared del baño, sus tetas aplastadas contra el azulejo frío mientras le metía la polla de goma por el culo sin piedad, sus nalgas apretándose contra el arnés mientras la rubia chillaba como una loca. Esa noche no hubo ni un solo rincón de esa casa que no oliera a coño mojado y a sudor caliente, y cuando al final ambas cayeron sobre la cama, la negra le lamió los jugos del coño hasta dejarla limpia mientras la rubia le suplicaba que no parara.