Dos morenas ardientes se excitan en el gimnasio con sexo lésbico
Lily Lou tenía la mirada clavada en Alina Ali desde que entró al gimnasio con esos leggings ajustados que le marcaban cada curva del culo prieto, y cuando la morena se agachó a recoger la toalla, no pudo evitar que se le escapara un gemido al ver el coño rapado brillando bajo la luz del espejo. Alina notó su mirada y le lanzó una sonrisa pícara mientras se acercaba con las tetas rebotando bajo la camiseta húmeda, sus pezones duros rozando la tela cada vez que respiraba con lujuria. Lo primero fue un beso húmedo y desesperado entre sus bocas, lengua con lengua, mientras una mano se colaba bajo el short de la otra para sentir la carne caliente y empapada que la esperaba. Alina se arrodilló en el suelo del vestuario y se lanzó a chuparle el clítoris con movimientos circulares de su lengua experta, haciendo que Lily Lou arqueara la espalda y soltara un gritito agudo que resonó entre las máquinas de pesas. La morena morena no se quedó atrás y, con un empujón juguetón, la tumbó sobre el banco de abdominales, le bajó los leggings de un tirón y se sentó a horcajadas sobre su cara para ahogarla con el coño goteante mientras le masajeaba los pechos con sus manos. Lily Lou no pudo resistirse y empezó a lamerle la raja con avidez, sintiendo cómo los jugos le resbalaban por la barbilla mientras sorbía con ansias el coño más sabroso que había probado en años. Los gemidos se volvieron frenéticos, los cuerpos se retorcían entre sudor y saliva, y pronto ambas estaban tan mojadas que el banco crujía bajo sus culos pegajosos. Alina se corrió primero con un espasmo que la dejó temblando, su coño ordeñando los dedos de Lily Lou mientras esta la embestía con la lengua hasta sacarle hasta la última gota de placer, pero entonces la morena le agarró la cabeza y la obligó a cambiar de posición, montándola con fuerza sobre su verga imaginaria mientras se frotaba el clítoris contra la entrepierna de su amante. Los últimos coletazos de placer las dejaron agotadas, con las tetas jadeantes, los coños chorreantes y las piernas temblorosas pegadas al suelo frío del gimnasio, sabiendo que aquella no sería la última vez que se excitaban así entre máquinas y pesas. El sudor les resbalaba por los cuerpos mientras se abrazaban, sus bocas buscando más besos entre jadeos, porque una vez que probaron aquel sabor a morbo intenso, ninguna quería dejarlo atrás.