Dos putas bien cachondas se folian sin parar
La rubia de tetas enormes no podía aguantar más las miraditas de su amiga mientras se chupaba los dedos mirándola con cara de perra en celo... Le agarró la melena y la empujó contra el sofá gritando que le metiera la lengua hasta la garganta. La morena, con el coño ya chorreando, se dejó caer de rodillas y le agarró la polla con las dos manos, lamiéndola desde la base hasta la punta con gemidos que le hacían vibrar todo el cuerpo. Mientras una le chupaba los pezones duros como piedras, la otra se subió a horcajadas y le clavó el coño en la cara, frotándose contra su boca como una posesa. La morena jadeaba y le agarraba el culo a la rubia, empotrándose contra su entrepierna sin piedad, sintiendo cómo le mojaba toda la cara con sus jugos calientes. La rubia, entre gritos y sacudidas, le mordía el cuello mientras le metía dos dedos en el coño a la morena, que se corría como una loca sin dejar de mover las caderas. Cuando la morena se desplomó sobre el sofá, la rubia no perdió el tiempo: le dio la vuelta como un trapo y se la folló a cuatro patas, empotrandole la polla de goma en el culo mientras le tiraba del pelo y le escupía en la boca. Los gemidos se mezclaban con los golpes secos de carne contra carne, los cuerpos sudorosos resbalando mientras una se corría sobre la otra, dejando el sofá completamente empapado de leche y jugos. Nadie aguantó más de dos minutos sin correrse, y cuando la última gota de leche salió disparada, las dos se quedaron tiradas, jadeantes y satisfechas, con los cuerpos pegajosos y los cojones y coños bien usados.