Novia me dejó sola y la morena me calentó duro
Salí con la intención de sorprenderlo en su casa y me recibió con un portazo en las narices: mi novio se había pirado sin avisar y me dejó plantada en el recibidor con el coño ya palpitando de ganas. Pero no contaba con que la vecina morena, esa que siempre me mira con esos ojitos de perra en celo, pasara justo en ese momento y se colara tras de mí como si fuera su casa. En cuanto cerró la puerta, me agarró de la cintura con sus uñas pintadas de rojo y me plantó un beso que me dejó sin aire, con la lengua moviéndose dentro de mi boca como si buscara algo más que saliva. Yo intenté empujarla, pero sus labios eran un imán y mis tetas se pegaron a su blusa mojada de sudor cuando me empotró contra la pared del pasillo. Noté su culo firme apretándose contra mi muslo y supe que no iba a salir de ahí sin que me la metiera hasta el fondo. Se agachó rápido, bajó mis leggings de un tirón y me lamió el coño como si fuera un helado derretido, chupando los pliegues con tanto ahínco que mis gemidos resonaron por todo el edificio. En menos de un minuto ya estaba mojada como una puta, con los muslos temblando y su lengua metida hasta la campanilla, lamiendo hasta el clítoris hinchado que no paraba de latir. Cuando se incorporó, tenía los labios brillantes de mis jugos y me los restregó por la cara mientras me susurraba al oído que me iba a hacer gritar como una cualquiera. Me dio la vuelta de golpe, me obligó a agarrarme al sofá y me clavó su culo prieto en el trasero mientras me bajaba las bragas con los dientes. Sin preámbulos, me metió dos dedos dentro mientras con la otra mano me agarraba de las tetas, estrujándolas hasta hacerme gemir como una perra en celo. El sofá crujía con cada embestida y yo solo podía clavar las uñas en el cuero mientras ella me empotraba contra el mueble, su polla de plástico —que llevaba escondida en el cajón de la entrada— se hundía en mi coño con cada golpe seco que me dejaba sin aliento. Los vecinos debían estar flipando con los gritos que soltaba, pero a mí solo me importaba correrme hasta dejar la alfombra empapada de mis jugos, sintiendo cómo sus caderas se movían contra mi culo redondo mientras me llenaba por dentro con su leche caliente y espesa.