Julia gime con su dildo negro sobre la cama
Julia se mordió el labio inferior mientras ajustaba el arnés negro ceñido a sus caderas, el dildo grueso y venoso colgando como un castigo delicioso entre sus piernas. Con los ojos entrecerrados y el pelo teñido de mechas oscuras cayéndole sobre los hombros pálidos, se acarició los pechos pequeños pero firmes antes de deslizar la punta del juguete entre sus pliegues rosados y empapados. El vibrador hizo un ruido húmedo al hundirse dentro, arrancándole un gemido ronco que resonó en el cuarto oscuro iluminado solo por la luz tenue de una lámpara de pie. Se retorció sobre el colchón, los muslos temblorosos al sentir cómo el dildo le abría el coño hasta el fondo, estirando sus paredes con cada embestida lenta y profunda que se daba a sí misma. La piel le ardía bajo las manos, los pezones duros como piedras al rozarse contra el sujetador de encaje negro que apenas contenía sus carnes. Soltó una maldición entre dientes cuando el vibrador le rozó el clítoris hinchado, un escalofrío eléctrico que le recorrió la espalda y le hizo arquear la espalda como un arco tensado. Las gotas de sudor le resbalaban por el cuello mientras aumentaba el ritmo, embistiéndose con más fuerza hasta que el sonido de carne mojada y respiraciones entrecortadas llenó el aire. Sus gemidos se volvieron más agudos, entrecortados, mientras el dildo entraba y salía de su coño empapado, dejando un rastro de jugos que se escurrían por el interior de sus muslos. La cama crujía bajo su peso, los resortes protestando con cada embestida salvaje que se propinaba, hasta que finalmente el orgasmo la atravesó como un rayo, dejándola temblando y con la respiración agitada mientras el vibrador seguía vibrando dentro, ordeñando hasta la última gota de placer de su cuerpo saciado.