Mi amiga latina chupa coño mojado y grita
Llevaba meses coqueteando con ella, esas miraditas entre risas mientras se tocaba los pezones duros bajo la blusa de tirantes... Hasta que esta noche, en su cuarto con la puerta bien cerrada, la empujé contra la cama y le arranqué el tanga de encaje negro sin piedad. La primera lamida fue lenta, desde el clítoris hinchado hasta el coño bien empapado que olía a sexo fresco, mientras ella se mordía el labio inferior y gemía con voz de puta necesitada. No tardé en enterrar la lengua entre sus pliegues resbaladizos, lamiendo su jugo dulce y espeso hasta que sentí cómo su cuerpo se arqueaba y sus caderas se sacudían buscando más presión. Entre lametón y lametón le metí dos dedos, curvándolos para rozar ese punto que la volvió loca, y entonces empezó a gritar mi nombre como si le estuvieran arrancando el alma. Cambié de posición, poniéndola en cuatro patas sobre el colchón, y le di una cachetada en el culo antes de clavarle la cara entre sus muslos otra vez, esta vez con más fuerza, sintiendo cómo su coño chorreaba sobre mi barbilla. Ella no pudo aguantar más: se corrió con un espasmo brutal, los muslos temblando, el coño palpitando alrededor de mi lengua mientras un chorro de jugos le resbalaba por el culo. Pero no terminé ahí: le di la vuelta, le abrí las piernas en posición de rana y le escupí en el coño antes de meterle la polla —sí, la polla de su mejor amigo— hasta el fondo, empotrándola contra el colchón mientras ella chillaba de placer y dolor mezclado. La follé como una puta descontrolada, sintiendo cada gemido ahogado contra mi boca cuando la ahogué con un beso sucio mientras le apretaba las tetas pequeñas y duras. Cuando por fin me corrí dentro de ella, la cama crujió, el espejo se empañó y los dos quedamos jadeando, cubiertos de sudor, saliva y sus fluidos pegajosos, sabiendo que esto no era más que el principio de una noche de locuras entre amigas...