Dos milfs góticas se empotran sin parar en la cama
Andrea Helena llegó con su corsé negro ajustado hasta casi reventar sus tetas grandes mientras Nekita se quitaba el vestido de encaje negro con movimientos lentos que dejaban ver su culo prieto y bien marcado. La primera lamida en el cuello de Andrea hizo que esta gimiera fuerte, con los labios rojos abiertos buscando el aliento de Nekita que ya le mordisqueaba los pezones duros como piedras. Andrea le agarró el pelo teñido de rojo y la atrajo para darle un beso de lengua caliente mientras sus dedos se hundían entre los pliegues mojados de su coño, que ya goteaba sin control. Nekita, con los ojos vidriosos de deseo, se agachó para chupar esa polla imaginaria que le excitaba tanto pero que en realidad no existía en ese momento, solo la necesidad de sentir carne contra carne. Andrea, desesperada, la tumbó boca arriba y le abrió las piernas para hundir la cara entre sus muslos, lamiendo ese coño depilado que olía a sexo puro y a sudor reciente. Nekita jadeó cuando los dedos de Andrea le separaron las nalgas para meterle la lengua bien adentro, sintiendo cómo el clítoris hinchado palpitaba bajo su lengua experta. La cama crujía con cada empellón que Andrea le daba a Nekita, quien se aferraba a las sábanas negras mientras gemidos guturales salían de su garganta. Andrea le agarró las tetas firmes y se las apretó contra su boca, mordiendo los pezones rosados mientras Nekita le clavaba las uñas en la espalda, dejando marcas rojas que pronto se llenarían de sudor. El sonido de los cuerpos chocando resonaba en la habitación oscura, mezclado con los gemidos húmedos y los suspiros entrecortados de ambas, que ya no podían aguantar más. Andrea se corrió primero, con un espasmo que le hizo arquear la espalda y gritar el nombre de Nekita mientras su coño se contraía alrededor de los dedos que aún la penetraban. Nekita, al sentirla temblar, se dejó caer sobre ella y le lamió los labios entrecortados antes de que sus cuerpos se unieran en un último empotramiento brutal que las dejó a ambas jadeando y sudorosas sobre las sábanas revueltas.