Dos morenas se devoran el coño en un 69 frenético
La rubia de pelo oscuro no podía quitarle los ojos de encima a su vecina del tercero, esa morena de tetas pequeñas pero con un culo que le temblaba cada vez que subía las escaleras con ese short ajustado que le marcaba todo. Hoy por fin se había decidido a pasar a la acción y la invitó a su casa con la excusa de un café, pero las dos sabían que era solo un pretexto para arrancarle la ropa a mordiscos. En cuanto la puerta se cerró, Bailey se abalanzó sobre Angel con un gruñido animal, hundiendo la cara entre sus muslos depilados para lamerle el coño empapado como si fuera su postre favorito, mientras Angel gemía y le agarraba la cabeza para que no se detuviera. Bailey no se conformó con chupar, le clavó los dedos en la raja y le metió dos con fuerza, haciendo que su morena jadeara y le apretara los muslos contra las orejas, ahogándola con el olor a sexo que desprendía su entrepierna. Angel, sin quedarse atrás, le dio la vuelta y la empotró contra el sofá, lamiéndole el ano liso con la lengua bien plana mientras le masajeaba las tetas duras y pequeñas con los dedos ávidos. Bailey se corrió gritando cuando Angel le mordisqueó el clítoris hinchado y le escupió en la raja para facilitar la entrada de su lengua, que no paraba de moverse en círculos mientras su vecina le sujetaba las nalgas para que no se escapara. Las dos se revolcaron por el suelo del salón, enredadas en un 69 que parecía no tener fin, con las tetas de Angel chocando contra la cara de Bailey mientras esta le chupaba los pezones duros como piedras. Bailey le agarró las piernas y le abrió el coño de par en par para lamerle hasta el fondo, sintiendo cómo los jugos resbalaban por su barbilla mientras Angel se retorcía y le suplicaba que no parara. En un arrebato de lujuria, Angel se subió encima de ella en posición de tijera, frotando su coño mojado contra el de Bailey sin piedad, mientras esta le lamía las tetas y le mordisqueaba los labios hinchados de tanto gemir. Las dos acabaron tiradas en el suelo, jadeando y con el pelo enredado, con los cuerpos cubiertos de sudor y los coños brillantes por los fluidos que no paraban de gotear. Bailey le pasó la lengua por toda la cara a Angel, limpiándole el rímel corrido y los restos de maquillaje que le habían quedado pegados a la piel por tanto placer, mientras ella le susurraba al oído lo buena que era chupando coños ajenos. La morena no pudo evitar reírse cuando Bailey, aún recuperándose del orgasmo, le confesó que llevaba semanas soñando con lamerle el culo depilado como una perra en celo, y que por eso había aceptado la invitación con tan poca excusa.