Profesora primaria se corre goteando en clase
La señorita Laura llegó a la escuela con el coño más mojado que de costumbre, pero hoy no pudo aguantar ni cinco minutos en el aula sin que los estudiantes le hicieran perder la cordura. Entre risitas y miradas de reojo, su colega de matemáticas le pasó un bolígrafo que no era de escribir, sino de plástico duro y grueso, perfecto para empalmarla sin piedad. Ella, con la falda subida hasta la cintura y las bragas empapadas en jugos, se dejó caer sobre el escritorio lleno de cuadernos mientras él le metía la verga sin avisar, arrancándole un gemido ahogado que resonó en las paredes. Las embestidas eran brutales, cada una más profunda que la anterior, haciendo que su clítoris se frotara contra la madera áspera y le provocara chispazos de placer que le nublaban la vista. El sudor le resbalaba por la espalda mientras él le agarraba el culo con fuerza, separándole las nalgas para clavársela hasta el fondo, sintiendo cómo su coño se estremecía y se contraía alrededor de la polla, lista para soltar toda la leche caliente que llevaba guardada. La profesora, con los pechos saltando dentro de la blusa ajustada, no pudo evitar gritar cuando el primer chorro de leche le llenó las entrañas, seguido de otro y otro más, hasta que el escritorio quedó manchado con los restos de su corrida. Él no se detuvo ahí, siguió embistiéndola sin piedad mientras ella se corría en olas, goteando por las piernas y dejando un charco húmedo en el suelo de madera, prueba de que la leche de profesor no era solo para los alumnos.