Señora cachonda toma polla enorme con esteroides
La señora del tercero lleva meses espiando por la ventana mientras él se entrena con esos bultos que le salen en los brazos y le hacen la camisa explotar por las costuras. Hoy no pudo aguantar más y se coló en el gimnasio con un pretexto barato sobre el alquiler, pero solo quería una cosa: que esa bestia de polla le reventara el coño hasta dejarla sin sentido. Él, que lleva meses tragando pastillas de crecimiento muscular y hormona de crecimiento como si fueran caramelos, la recibió con una sonrisa pícara mientras se ajustaba el short ajustado que apenas contenía su tremenda verga ya bien dura y goteando. Ella ni siquiera esperó a que cerrara la puerta, se le tiró encima como una perra en celo, arrancándole la blusa de un tirón para chuparle los pezones mientras le masturbaba la polla con manos temblorosas de lujuria. Él la empujó contra la pared del vestuario y, sin perder un segundo, le bajó el pantalón de chándal hasta los tobillos para dejar al descubierto ese culo prieto y reluciente que llevaba semanas imaginando entre sus piernas. Con un gruñido animal, la agarró por las caderas y la empaló de golpe contra su miembro monstruoso, haciendo que ella soltara un aullido de dolor mezclado con placer mientras las paredes de su coño se estremecían al recibir cada centímetro de esa verga que parecía no tener fin. Él la embestía con fuerza animal, cada empujón hacía que sus tetas rebotaran contra su pecho mientras ella gemía como una puta en celo, su coño empapado chorreando jugos por cada empalamiento profundo que le partía el alma. Las pastillas de esteroides le daban una resistencia sobrehumana y no paraba de clavársela una y otra vez, haciendo que ella se corriera en segundos con un espasmo que le dejó las piernas como gelatina, pero él no aflojaba ni un puto segundo. La giró como una muñeca, le levantó una pierna y se la metió por detrás con una brutalidad que le hizo gritar de éxtasis cuando su polla le rozó el punto G desde esa posición bestial, dejándola sin aliento mientras el semen espeso de él le llenaba las entrañas sin piedad. Cuando por fin eyaculó dentro de ella con un rugido gutural que hizo vibrar las ventanas del gimnasio, la señora quedó tirada en el suelo, el coño chorreando mezcla de leche y sus propios jugos, los pezones duros como piedras y la respiración entrecortada llena de agradecimiento por haber sido destrozada de esa manera tan deliciosa.