Nina bien cachonda mostrando sus tetas al natural
Nina llegó con ese vestido ajustado que le marcaba hasta el último centímetro de esos pezones duros que le asomaban sin pudor, y él no pudo resistirse cuando la vio morderse el labio al sentarse en el sofá. Con las tetas pequeñas pero bien firmes, se las agarraba con las dos manos y las sacudía de un lado a otro mientras le suplicaba que le chupara los pezones como solo ella sabía hacer. Él, con la polla ya dura como un palo, le tapó la boca con un calcetín sudado para que no gritara mientras le lamía el cuello y le bajaba el vestido hasta dejarle los pezones al aire. Nina gemía con la garganta tapada, sintiendo cómo el coño le ardía de lo mojada que estaba, y él no perdió tiempo: le arrancó el tanga de un tirón para hundirle la lengua bien hondo en el coño palpitante. Ella se retorció de placer, le agarró la cabeza con fuerza y le obligó a que le comiera el clítoris hasta que se le escapó un gemido ahogado por el trapo. La polla le dolía de lo tensa que la tenía, así que la sacó y se la restregó contra las tetas, dejando gotas de leche por toda su piel mientras Nina se masturbaba con los dedos, sin dejar de mirarle con esos ojos verdes llenos de lujuria. Él le escupió en la boca para que se la tragara antes de empotrarle la verga bien hondo en el coño empapado, y las embestidas eran tan fuertes que le hacían botar las tetitas contra su pecho. Nina chillaba cada vez que la polla le llegaba al fondo, sintiendo cómo el coño se le contraía y le arrancaba un orgasmo brutal que la dejó temblando, con las uñas clavadas en sus hombros y los pies enrojecidos de tanto apretar contra el colchón. Él no se corrió dentro, pero le untó la leche por toda la cara y los pechos mientras ella se reía con la boca llena de semen, saboreando cada gota como si fuera su postre favorito.