Novia colombiana me hace tragar hasta el último chorro
Ella llegó a la casa con ese shorts ajustado que le marca el culo prieto y ese top que apenas tapa sus tetas duras, y en cuanto cerré la puerta ya me estaba agarrando la verga por encima de los jeans para susurrarme al oído que se moría por que la empotrara sin piedad. Con las manos temblorosas le bajé el short de un tirón y su coño mojado brilló bajo el sol de la tarde, esos labios rosados completamente empapados y deseosos de que le metiera la polla hasta el fondo. Se lanzó sobre mí como una perra en celo, chupándome la verga con tanta fuerza que sentí cómo su garganta se cerraba alrededor de mi tronco hasta ahogarme en su saliva caliente, mientras sus tetas pequeñas rebotaban salvajes al ritmo de sus gemidos ahogados. La tiré sobre la cama boca abajo y le levanté las nalgas para clavarle la polla de una sola estocada, sintiendo cómo su coño estrecho se ceñía a mi verga como un guante mientras sus gritos llenaban la habitación y sus uñas se clavaban en las sábanas. Pasé de la perra a la vaquera al instante, subiéndome sobre ella para que me montara con esos muslos flaquitos apretando mi cintura mientras su culo redondo chocaba contra mis bolas al caer, y cada vez que se dejaba caer de golpe yo le metía hasta las pelotas, haciendo que su coño chorreara jugos por todos lados. Cuando ya no pudo más, me pidió a gritos que le llenara la boca, así que le saqué la polla de su coño empapado y se la metí garganta abajo hasta que sentí el primer chorro de leche caliente golpeándole la campanilla, y ella tragó con avidez mientras los espasmos de su orgasmo le hacían temblar las piernas y le salían chorros de leche por las comisuras de los labios. No contenta con eso, se arrodilló en el suelo y me lamió hasta dejarme limpio, relamiéndose los labios con esa sonrisa pícara mientras me susurraba que quería que le llenara el coño también, así que la volví a empalar contra la pared hasta que no le quedó más remedio que correrse de nuevo mientras yo le disparaba otro cargamento de semen espeso que se le escurrió por las piernas. Esa tarde no paramos hasta que ambos quedamos rendidos, sudorosos y con las piernas temblorosas, con su coño goteando leche por todos lados y mi verga tan agotada que ya no podía más.