Monu me volvió loca con su boca y su culo rebotando
Desde que la vi en la oficina, no podía sacarme de la cabeza cómo sería meterle la polla entre esas nalgas prietas. Cada vez que pasábamos cerca, me lanzaba miradas que me ponían la verga dura al instante. Sabía que ella también lo deseaba, pero la tensión era insoportable hasta que una tarde, con la casa vacía, la empujé contra la pared y le arranqué el tanga de un tirón. Su coño ya estaba mojado cuando le clavé los dedos, gimiendo como una perra en celo. La tiré al sofá y le abrí las piernas de par en par, metiéndole la lengua hasta el fondo mientras ella se retorcía. Cuando le empecé a chupar los pezones, me rogó que la follara de una vez. Me monté encima y le metí la polla hasta las pelotas, sintiendo cómo su culo apretaba cada vez que la penetraba. Monu gritaba mi nombre mientras le daba con fuerza, rebotando sus tetas con cada embestida. Le corrí toda la cara y el cuello, marcándola como mía. Ahora, su ropa interior sigue tirada en el suelo, manchada de mi leche.