Bisexuales se dejan llevar y acaban con la polla en el culo
Las luces bajas del apartamento creaban sombras tentadoras en la pared, y el aire olía a sudor y deseo contenido. Yo llevaba días sintiendo esa tensión entre nosotros, miradas robadas, roces "accidentales" que dejaban mi coño húmedo y mi culo palpitar de ganas. Sabía que él también lo quería, pero ninguno se atrevía a romper el silencio. Hasta que esa noche, con su polla gruesa rozando mis nalgas mientras bailábamos, ya no pude aguantar. Me bajé el pantalón lentamente, mostrando mi culo apretado y mojado, y le susurré al oído que lo necesitaba dentro, ya. Él no dudó, me empujó contra la pared y me abrió las piernas con sus manos fuertes mientras su verga rozaba mi entrada. Gemí cuando la punta gruesa empezó a empujar, estirándome, y él me sujetó de las caderas para meterla más profundo, hasta que sentí cada centímetro de su polla entrando en mi culo. El dolor inicial se convirtió en un placer intenso, y cada embestida me hacía gritar, especialmente cuando me levantaba y bajaba sobre su verga, sintiendo cómo me llenaba por completo. Sus dedos se clavaban en mi carne mientras me penetraba, y yo movía las caderas en círculos, buscando más fricción, más intensidad. El sonido de su polla entrando y saliendo de mi culo mojado, mezclado con nuestros gemidos, llenaba la habitación. Cuando ya no aguanté más, me corrí con un grito ahogado, y él me siguió, bombeando su leche caliente dentro de mi culo apretado. Ahora, con su líquido goteando entre mis nalgas, pienso en cómo esta tensión que llevábamos semanas acumulando finalmente explotó de la mejor manera posible, dejándonos satisfechos pero con ganas de más.