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Fantasma caliente me empotra en mi pesadilla

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Estúdio Mollyredwolf

Llevaba días soñando con un fantasma que me susurraba cosas sucias al oído mientras dormía, pero cuando la vi materializarse en mi cuarto con ese vestido ajustado que le marcaba cada curva de su culo perfecto, supe que esta noche no iba a ser un sueño cualquiera. Me agarró la polla con esas manos heladas pero jodidamente suaves y me la empezó a chupar con una boca que parecía hecha para tragársela entera, sin dejar ni gota de saliva en el camino. Sus tetas grandes y naturales rebotaban como dos sandías maduras cada vez que se subía encima de mí en posición de vaquera, empalándose con mi verga hasta que sus muslos temblaron y su coño mojado por la excitación chorreaba sobre mis pelotas. Gemía como una puta en celo mientras me clavaba las uñas en los hombros, pidiendo más a gritos, y yo no podía hacer otra cosa que embestirla con todas mis fuerzas desde abajo, sintiendo cómo su culo redondo se apretaba contra mis caderas con cada envite. La penetración era tan profunda que juré que iba a sentir mi polla en su garganta, y ella, lejos de asustarse, se tragó hasta la base sin pestañear, con los ojos vidriosos y la lengua lamiendo el tronco como si fuera un helado derretido. Cuando por fin se corrió, su coño se contrajo alrededor de mi miembro como un puño hambriento, exprimiéndome hasta que sentí que la leche me brotaba a chorros por dentro, llenándola hasta el fondo mientras ella gritaba mi nombre como si estuviera poseída. Pero lo mejor vino después, cuando se quitó el disfraz de fantasma y me dejó ver que era una chica bisexual de dieciocho años con un cuerpo de escándalo, unas tetas que pedían ser mordidas y un culo que parecía tallado para recibir golpes. Nos pasamos horas follando en todas las posturas: ella cabalgándome hasta que me corrí en su boca, yo empotrándola contra la pared hasta que su coño quedó empapado, y hasta probé su culo prieto mientras me chupaba los huevos con esa boquita traviesa que no paraba de gemir obscenidades. Al final, cuando ya no podíamos más, nos derrumbamos en la cama sudorosos y pegajosos, con sus tetas aplastadas contra mi pecho y mi polla aún dura dentro de ella, como si el fantasma no quisiera soltarse ni un segundo.

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