Amiga culona se entrega al marido de su mejor amiga
El sofá de cuero negro crujía bajo nuestros cuerpos mientras Lorrany Exotica se mordía el labio, esperando que Marcio Baiano terminara de desabrocharle el sostén. Llevábamos semanas coqueteando en secreto, intercambiando miradas cuando él no miraba, rozando sus manos bajo la mesa del restaurante. Hoy no aguanté más: le envié un mensaje diciéndole que mi marido estaba fuera de la ciudad y que quería que me empotrara contra la pared. Cuando abrió la puerta, ya estaba mojada, con el culo al aire y los dedos hundidos en mi propia raja. Marcio no perdió el tiempo: me levantó como si fuera una pluma, me apoyó contra el sofá y me penetró de una estocada, haciendo que gritara. Sus manos apretaban mis tetas mientras yo rebotaba sobre su polla, sintiendo cómo me llenaba hasta las pelotas. Cada embestida era más profunda, más salvaje, hasta que me corrí con un gemido ahogado. Cuando terminó, su leche blanca goteaba de mi culo, y Marcio se quedó mirando, jadeante, mientras yo me limpiaba con los dedos y le sonreía con complicidad.