Molly Cute gime mientras le parten el culo como muñeca flexible
Ese día, entre las cortinas de su habitación, Molly Cute sabía que esto estaba mal pero no podía parar. Imagínate sus piernas abiertas hasta el límite, como una gimnasta dispuesta a recibir toda la polla de Karll sin piedad. Él se arrodilló entre sus muslos, mordiendo su cuello mientras sus dedos exploraban ese culo apretado, ya mojado de anticipación. Cada gemido de Molly era una invitación a ir más lejos, a empujar hasta que el dolor se mezclara con el placer. Las caderas de Karll chocaban contra ese trasero perfecto, estirándolo, marcándolo, mientras ella arañaba las sábanas con las uñas. Te vas a poner durísimo cuando veas cómo su polla desaparecía en ese agujero virgen, dejando solo el sonido obsceno de carne contra carne. Molly lloriqueaba, pidiendo más, aunque sabía que al día siguiente no podría sentarse. Fifteen minutos de puro vicio donde Karll no tuvo compasión, penetrándola con saña hasta que su culo quedó destrozado. Al final, cuando él le inundó el oscuro con su leche espesa, Molly solo pudo susurrar: 'Así me gusta, como a una muñeca rota...'.