La hijastra asiática prueba el culo con papi
Llevaba días viendo cómo su padre se duchaba sin camisa y se le escapaban gemidos al tocarse la polla dura mientras se enjabonaba. Hoy la niña asiática, de piel suave y culo prieto, no pudo resistirse y entró en el baño con el pretexto de compartir la toalla. Él, con esa verga gruesa que le colgaba entre las piernas, la agarró de la cintura y la empotró contra la pared sin darle tiempo a reaccionar. La hijastra, con sus tetas pequeñas y su coño bien mojado, sintió cómo el glande le abría el culo por primera vez y no pudo evitar soltar un gritito de dolor mezclado con placer. Él le tapó la boca con una mano mientras le susurraba al oído que no había vuelta atrás, que hoy aprendería lo que era ser una puta bien follada. Ella, temblorosa pero excitada, se dejó hacer y abrió más las piernas para que la verga le entrara hasta el fondo, sintiendo cada embestida como un latigazo que le quemaba las entrañas. Entre gemidos ahogados y babas resbalándole por la barbilla, la niña empezó a mover el culo al ritmo de las embestidas, pidiendo más con cada empujón. Él, sudando como un animal, le agarró los muslos y la levantó en vilo para clavárselo más hondo, haciendo que el culo chasqueara con cada golpe. Cuando ya no pudo aguantar más, le sacó la polla de un tirón y le escupió en la boca abierta, ordenándole que se tragara hasta la última gota de leche espesa mientras ella se ahogaba con su propio gemido. La hijastra, con la cara llena de semen y el culo enrojecido, se dejó caer al suelo jadeando, pero él no había terminado: le dijo que ahora le iba a chupar el coño hasta que se corriera otra vez, esta vez con la lengua bien metida en su conejito mojado.