Margareth se reta a sí misma con su vibrador y se corre como una diosa
Me encanta desafiarme a mí misma, especialmente cuando sé que puedo ganar. Esa tarde, con mi tanga de encaje y las medias de red que me hacen sentir como una diosa, me aposté a que podría correrme más fuerte que nunca usando solo mi vibrador. Margareth, esa puta insaciable, me miraba desde el espejo mientras me tocaba, retándome a no gemir demasiado fuerte. Empecé lento, deslizando el vibrador por mis labios mojados, sintiendo cómo cada vibración me hacía arquear la espalda. Pero no era suficiente, así que lo empujé más adentro, hasta que mi coño lo apretaba como si no quisiera soltarlo. Me encanta cuando me lleno entera, cuando siento que el juguete me roza justo donde más lo necesito. Las piernas me temblaban, pero no iba a rendirme, no después de haberme retado a mí misma. Me puse de rodillas en la cama, apoyando las manos en el colchón, y empecé a moverme más rápido, sintiendo cómo el vibrador me golpeaba justo en el punto G. Los gemidos se me escapaban sin control, pero no me importaba, porque sabía que estaba ganando. Cuando sentí que el orgasmo venía, lo saqué de golpe y me corrí con mis dedos, sintiendo cómo mi coño se contraía alrededor de ellos. Fue tan intenso que casi me caigo de la cama, pero me quedé ahí, jadeando, con los dedos aún dentro de mí, sintiendo los últimos espasmos de placer. Cuando terminé, el vibrador estaba cubierto de mis jugos, y mi tanga de encaje yacía en el suelo, abandonado como un trofeo de mi victoria.