Puta de tacones se corre con polla gigante empalada
Danica Dillan llegó a la sesión con un ajustado body de encaje negro que apenas contenía sus tetas DD de silicona, los pezones duros rozando la tela mientras se mordía el labio inferior con mirada de puta desesperada. Jerry Kovak no pudo aguantar ni un segundo sin clavarle la polla después de verla lamerle las bolas como si fuera su postre favorito, la lengua caliente y húmeda recorriendo cada centímetro de su saco mientras gemía con voz de puta en celo. Cuando por fin la empotró contra el colchón en cuatro patas, su coño ya estaba chorreando de lo mojado que lo tenía, el líquido resbalando por sus muslos mientras él le clavaba los dedos en las caderas con fuerza de bestia. Danica gritó como una perra en celo al sentir cómo la cabeza de su polla gigante destrozaba su estrechez, estirándola hasta límites que hacían que sus ojos se llenaran de lágrimas de placer, la carne palpitando alrededor de ese tronco que la partía en dos. Él no se anduvo con rodeos: le arrancó el tanga de un tirón para hundir la cara entre sus nalgas y lamerle el culo con lengua experta antes de volver a embestirla con saña, cada golpe haciendo que sus tetas botaran como locas y sus gritos llenaran la habitación de gemidos animales. La puso de espaldas en el suelo y se la folló a pelo en misionero, sus tetas gigantes rebotando en cada embestida mientras le chupaba los pezones con avidez, la saliva cayendo sobre su piel bronceada mientras sus caderas chocaban contra las suyas con un ritmo brutal. Cuando él le ordenó que se sentara encima para cabalgarlo, Danica se subió a horcajadas con un suspiro de puta satisfecha, sintiendo cómo esa verga monstruosa le abría el coño desde adentro mientras se agarraba a sus hombros para no caerse, los muslos temblorosos de tanto placer. Jerry no pudo resistirse más: le agarró la nuca y le metió la polla hasta la garganta, ahogándola mientras le escupía en la cara y le decía lo sucia que era, lo bien que le chupaba la polla esa zorra de tacones. El final llegó cuando la levantó en peso y se la folló de pie contra la pared, sus cuerpos pegados sudando como bestias, los gemidos ahogados entre jadeos mientras la llenaba de leche hasta que el coño le chorreaba por las piernas, los dos exhaustos y con las caras rojas de tanto goce. Danica se dejó caer sobre la cama, las medias rotas y los zapatos tirados por ahí, el maquillaje corrido y el coño aún palpitando de una corrida tan intensa que sintió cómo se le escapaba hasta el último espasmo de placer.