Riley Evans domina al joven Frank con su cuerpo de infarto
Riley Evans llevaba días mirándolo con esa sonrisa pícara cada vez que se cruzaban en el pasillo, y Frank no podía sacarse de la cabeza las curvas de su cuerpo envuelto en medias de red. La tensión se cortaba con cuchillo, hasta que una tarde, con el pretexto de pedirle sal, entró en su apartamento y cerró la puerta tras de sí. Mi coño ya estaba mojado cuando me acerqué, rozando mi cadera contra su polla dura a través de los jeans. Frank no aguantó más y me empujó contra la pared, arrancándome el tanga con los dientes mientras sus manos aprietan mi culo redondo. Me arrodillé y le chupé la verga hasta que gimió, luego lo monté en la cama, sintiendo cómo su polla entraba hasta las pelotas mientras yo me movía como una diosa. Frank me dio la vuelta y me empotró en cuatro, metiendo los dedos en mi culo mientras me follaba sin piedad. Gemí tan fuerte que los vecinos debieron oírme, hasta que Frank se corrió dentro de mí, llenándome entera. Cuando terminamos, mi tanga roto quedó tirado en el suelo junto a sus zapatos, y una mancha de su leche se secaba en mi muslo.