La vecinita me regala un juguete nuevo
Ella llegó con esa bolita vibradora pequeña entre los dedos como si fuera un secreto sucio que no podía esperar a soltar. Yo estaba ahí, tirado en el sofá con la polla ya dura como una piedra, viendo cómo sus teticas pequeñas se movían al caminar con esa confianza de puta que sabe que te va a volver loco. Se sentó a horcajadas sobre mis muslos sin decir ni una palabra, solo me pasó el juguete por la punta del nabo y sonrió con esa sonrisa de zorra que me volvió loco. Lo encendió al mínimo y lo frotó contra mi tronco como si probara el calor de un hierro al rojo vivo, haciendo que cada músculo de mi cuerpo se tensara y un gemido ahogado se me escapara de la garganta. Entonces ella se quitó el short ajustado y el tanga empapado se le pegó al coño como si fuera su segunda piel, mostrando esos labios rosados y brillantes que me pedían a gritos que la empotrase contra el respaldo del sofá. Con una mano me agarró la polla gorda y la apuntó hacia su raja chorreante, mientras con la otra seguía jugando con el juguete, rozándolo contra mis pelotas para que supiera lo que venía. No aguanté más, le agarré la cintura flaquita con mis manos grandes y la bajé de golpe sobre mi verga hasta que sus muslos temblaron y un grito agudo le salió del pecho al sentirme reventarla por dentro. Las embestidas eran brutales, el sonido de nuestros cuerpos chocando llenaba la sala, el olor a sexo crudo y a sudor nos envolvía como una nube densa mientras ella se retorcía sobre mí, gritando que no parara, que le diera más duro hasta que su coño se le contrajera como un puño alrededor de mi polla. El juguete vibrante le rozaba el clítoris en cada embestida, haciendo que sus ojos se le pusieran en blanco y un orgasmo explosivo le recorriera el cuerpo entero, empapándome las pelotas de sus jugos y dejándome la verga tan sensible que ni siquiera podía pensar en otra cosa que no fuera correrme dentro de ella hasta dejarla llena. Cuando por fin me vacié dentro de su coño estrecho, ella se dejó caer sobre mi pecho, jadeando con la respiración entrecortada y una sonrisa de satisfacción dibujada en la cara mientras me susurraba al oído que esa era solo la primera ronda.