Exhibicionista árabe se desnuda en pasillo de hotel
Desde que entró al hotel, el tipo no podía quitarle los ojos de encima al recepcionista, pero no por la cara, sino por cómo le apretaba los pantalones mientras le entregaba la llave. El árabe se hizo el desentendido, pero en el ascensor ya se había bajado los pantalones lo suficiente para dejar ver esa verga gruesa que llevaba horas escondiendo bajo la túnica. Cuando las puertas se abrieron en el tercer piso, salió disparado hacia el pasillo con la polla dura como un palo y el culo bien prieto, buscando el primer rincón donde pudiera soltar toda esa leche que llevaba acumulada. Lo que no esperaba era que en el cuarto de al lado saliera una mujer con bata transparente, atraída por los gemidos ahogados que ya comenzaban a escapar de su garganta mientras se agarraba el miembro con las dos manos. Ella, sin pensarlo dos veces, le agarró la verga con fuerza y se la metió en la boca sin avisar, sintiendo cómo la punta le rozaba el fondo de la garganta mientras él le agarraba la nuca para empotrarla hasta el fondo. La mujer, que nunca había probado algo así, notó cómo su coño se ponía más mojado que nunca al escuchar los gruñidos graves que salían de su pecho mientras la embestía con fuerza contra la pared. Entre gemidos y jadeos, el tipo le levantó el camisón y le metió los dedos en el coño empapado, sintiendo cada pliegue de su carne mientras ella le arañaba la espalda con las uñas. La verga le quemaba entre las piernas, y antes de que pudiera aguantarse, le llenó el culo de leche caliente mientras ella se corría sobre sus dedos, manchando la alfombra con su flujo espeso. Cuando terminaron, el árabe salió corriendo del hotel con la verga aún goteando, pero esta vez no por vergüenza, sino porque sabía que en cualquier momento volvería a buscar a esa mujer para volver a empotrarla contra cualquier pared que se pusiera a su alcance.