La morena de 18 años chupa y empala al jefe en la oficina
Llevaba meses poniéndose cada vez más mojada solo de pensar en que el jefe la mirara con esos ojos de depredador mientras firmaba papeles. Hoy no pudo resistirse cuando él la llamó a su oficina bajo el pretexto de revisar unos documentos urgentes. Con la puerta apenas entreabierta y el marido esperándola en casa, la morenita de pelo largo y culo prieto se acercó con esa sonrisa de puta inocente que tanto excitaba al tipo. Antes de que pudiera abrir la boca, él ya le había bajado el tanga de encaje y le metía dos dedos bien mojados en el coño, arrancándole un gemido ahogado que ahogó con un beso sucio donde le metía la lengua hasta la garganta. La polla del jefe, gruesa y palpitante, le rozó la entrepierna antes de que él la empujara contra la mesa de reuniones, arrancándole los papeles al suelo mientras le susurraba al oído que era una puta muy traviesa por dejar que la empalara así, con su marido esperando en casa. Ella no pudo más que arquear la espalda y ofrecerle el culo bien redondo, gimiendo como una zorra en celo cuando él le escupió en el agujero antes de clavársela de un solo envite que le hizo gritar de placer. La empotró contra la pared, con las tetas rebotando cada vez que la embestía con fuerza, el sonido de sus cuerpos chocando mezclado con los gritos de ella que se corría una y otra vez, empapando la silla del jefe mientras le chupaba la polla con desesperación, deseando tragársela toda antes de que él la llenara de leche caliente. Entre jadeos y patadas en el aire, la morena se dejó poseer como la puta que siempre supo que era, con el marido a unos metros, completamente ajeno a que su esposa estaba siendo follada como una perra en celo mientras él se moría de ganas por llegar a casa.