Adolescente negra recibe polla gruesa en la cara
La morena de dreads y tetas bien duras se arrodilló en el suelo de su cuarto sin pensarlo dos veces, con la boca bien abierta y la lengua pasada de saliva que le colgaba como un trapo mojado. El gringo alto de polla monstruosa le agarró la cabeza con ambas manos sin aviso y se la enterró hasta la garganta con un empujón brusco que le hizo soltar un gutural gemido ahogado. La chica, con los ojos llorosos y las mejillas hinchadas, no pudo ni pestañear antes de que le empezara a embestir la garganta sin piedad, sintiendo cómo la verga le estiraba los labios hasta casi romperlos mientras le ahogaba el aliento. Cada vez que sacaba casi toda la cabeza, le escupía un hilito de babas antes de volver a clavársela hasta el fondo, haciéndole sentir cómo la punta le rozaba el velo del paladar y le provocaba arcadas que solo aumentaban el morbo. Ella, aunque al principio se resistió con las manos en sus muslos, terminó cediendo cuando notó que la polla le resbalaba entre los dedos al intentar empujarlo, dejándose llevar por el ritmo brutal que le imponía el americano. Los gemidos se le volvieron más agudos y desesperados, mezclándose con los sonidos húmedos de los golpes que le daban en los labios cada vez que la embestía con fuerza, mientras que sus tetas, grandes y pesadas, se balanceaban sin control al ritmo de los empujones. Cuando por fin sintió cómo se le llenaba la boca de leche espesa y caliente, no tuvo más remedio que tragar como una posesa, con la garganta convulsionando al ritmo de las últimas gotas que le escupía directamente en la lengua, dejando el coño de la morena más mojado que nunca por el morbo de saberse usada de esa manera. La pobre no pudo evitar temblar cuando le sacó la polla de la boca y le quedó colgando entre los labios, toda babosa y brillante, antes de caer rendida contra la pared con la respiración entrecortada.