Estudiante cachonda se empala antes de ir a clases
Llevaba semanas con ese calor en el coño cada vez que su profesor le corregía los apuntes, pero hoy no pudo resistirse más. El muy cabrón la tenía con la polla dura desde que la vio entrar con esa falda tan corta que apenas le tapaba el culo, y cuando ella le rozó sin querer el muslo al pasarle el bolígrafo, fue el detonante. Él la agarró por la cintura, la sentó sobre su escritorio y le arrancó las bragas de un tirón mientras ella gemía con la boca entreabierta y los pezones duros como piedras bajo la blusa. La punta de su pollón negro se hundió en ese coño empapado sin piedad, haciendo que sus caderas se sacudieran al instante mientras él le mordisqueaba el cuello y le susurraba al oído lo puta que estaba. Ella se aferró a sus hombros, clavándole las uñas mientras él la empotraba contra el tablero, haciendo que los lápices rodaran y el pene se clavara hasta el fondo cada vez. El sonido de sus cuerpos chocando se mezclaba con los jadeos ahogados de ella, que ya no podía pensar en clases ni en nada más que en correrse. Él le levantó las piernas para penetrarla más profundo, y en cada embestida su clítoris rozaba la base de su verga, llevándola al borde del éxtasis. Cuando ella sintió que no podía aguantar más, él le ordenó que se corriera sobre su polla, y el chorro de leche espesa que disparó dentro de su coño mojado la dejó sin fuerzas, temblando sobre el escritorio con las piernas temblorosas y los muslos pegajosos. Antes de que pudiera recuperarse, él le dio la vuelta y se la folló contra la pared, agarrándole el culo con ambas manos mientras le daba azotes que le dejaron las nalgas rojas y ardientes. La última corrida fue tan intensa que ella sintió cómo la leche le resbalaba por las piernas al salir de clase, pero no le importó: solo quería repetirlo mañana.