Pareja caliente se descontrola en fiesta libertina en Niterói
La morena tatuada Inara, la Doctrinadora, llevaba puesto un vestido ajustado que apenas le tapaba las tetas enormes y duras, moviéndose al ritmo de la música mientras su novio Allan Guerra Gomes no podía quitarle los ojos de encima. Él, con una verga gruesa y bien dura que le marcaba el pantalón, no aguantó más y la agarró por la cintura pegándola contra la pared del Babylon Club, donde la fiesta liberal ya dejaba ver pieles sudadas y gemidos ahogados. Ella jadeó cuando sintió su polla enorme rozándole el coño empapado a través de la tela fina, pero no se detuvo ahí: con un empujón brusco la despojó del vestido y sus tetas naturales y pesadas rebotaron libres, los pezones duros como piedras. Allan no perdió tiempo y se la empotró por detrás, clavándole el rabo hasta el fondo mientras ella gritaba con voz ronca, las uñas arañando el yeso de la pared. La morena arqueó la espalda, el culo redondo y prieto temblando con cada embestida profunda que le partía el coño, los jugos resbalando por sus muslos mientras él gruñía como animal en celo. Él le mordió el hombro tatuado mientras le masajeaba las tetas con una mano y con la otra le metía dos dedos en la boca para que los chupara, sintiendo cómo su aliento caliente y húmedo le recorría la verga antes de que la sacara y se la clavara otra vez, esta vez contra el sofá donde otros cuerpos sudados ya se retorcían en pleno orgasmo. Inara se corrió primero, el coño apretando la polla de Allan hasta que él no pudo aguantar más y le llenó el culo de leche espesa y caliente, los dos cayendo al suelo entre risas y gemidos, sus cuerpos pegajosos de sudor y semen, listos para seguir follando hasta que la mañana los encontrara borrachos de placer y completamente exhaustos.