Matea la teen se retuerce con verga gruesa en doggystyle salvaje
Matea lleva días mandando señales con su culo prieto y esas tetas que se le marcan bajo la blusa ajustada, pero hoy no hay dudas: se quita el tanga frente a la cámara y se deja caer de rodillas con una sonrisa pícara mientras le agarra la polla gorda del novio con las dos manos. Él no pierde tiempo y se la mete hasta la garganta de golpe, ahogando sus gemidos ahogados mientras le sujeta la cabeza con fuerza para empalarla bien, sintiendo cómo el coño jugoso se le contrae alrededor de la lengua al primer lametazo. Ella se retuerce con los pezones duros frotándose contra su pecho, los jadeos se le escapan entrecortados cuando él la levanta en peso y la empuja contra la pared, levantándole las piernas para clavarle la verga hasta el fondo sin piedad. Los sonidos de carne chocando contra carne llenan la habitación mientras la teen grita sin control, el culo palpitando de tanto embestir, los muslos temblorosos por el esfuerzo de aguantar cada envite brutal que le parte el coño por la mitad. Él le muerde el cuello y le susurra al oído que va a hacerla correrse hasta que no pueda más, y Matea responde con un gemido largo y desesperado mientras se frota el clítoris con los dedos mojados, sintiendo cómo la polla gruesa le revuelve las entrañas con cada envite profundo. La verga entra y sale sin piedad, el coño chorreando de jugos que resbalan por sus muslos, los gritos se vuelven agudos cuando él acelera el ritmo y le clava los dedos en la carne del culo para guiar cada embestida salvaje. Matea ya no puede ni respirar, solo jadea y suplica más mientras él la levanta del suelo y la empala contra el sofá, el culo bien abierto para recibir cada centímetro de carne dura que la parte por dentro, los jugos resbalando por sus nalgas redondas mientras el novio no para de gruñirle obscenidades al oído. Cuando por fin se corre, es con un espasmo brutal que le sacude todo el cuerpo, los fluidos resbalando por sus piernas mientras él la sigue embistiendo sin piedad hasta que se vacía dentro de ella con un rugido animal, los dos sudando y jadeando como bestias satisfechas. El coño de Matea sigue palpitando cuando él se sale, dejando un reguero blanco que le escurre por el muslo antes de que ella se derrumbe sobre la cama, exhausta pero con una sonrisa de oreja a oreja, los pechos subiendo y bajando con cada respiración entrecortada.