Alayah Sashu y el negro que la volvió loca con su verga
Te dijo que solo quería mirar, pero sus ojos no podían apartarse de la polla enorme que sobresalía entre las piernas del negro musculosito. Desde que le mandaste esa foto, ella había estado provocándote, rozándose contra tu cuerpo con el vestido ajustado, susurrando cosas en tu oído que te ponían la piel de gallina. Ahora está arrodillada frente a ti, con los labios brillantes de saliva, y te la chupa como si no hubiera mañana, sus manos apretando ese culo duro que tanto te gusta. Sientes cómo sus dedos se clavan en tus nalgas mientras te la traga hasta las pelotas, sus gemidos vibrando en tu verga. Cuando la volteas y la empujas contra el sofá, su coño caliente ya está mojándose, y no puedes resistirte a hundir tu polla de golpe, sintiendo cómo se abre para ti. Cada empujón hace que su cuerpo se sacuda, sus tetas rebotando con cada impacto, y cuando le das la vuelta para verla de frente, sus ojos vidriosos te piden más. Aprietas sus caderas, embistiéndola con fuerza, hasta que su boca se abre en un grito ahogado y sientes cómo se corre alrededor de tu verga. La jala contra ti, besándola con hambre, mientras tus dedos juegan con sus pezones duros. No te detienes hasta que su cuerpo se queda temblando, y solo entonces te sales, dejando caer un chorro espeso sobre sus tetas. Aún puedes ver la marca de tus dientes en su hombro, justo donde la mordiste cuando se vino por tercera vez.