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Swingers en hotbar y me empotran sin piedad dos veces

10:48 1080P 3 Exóticas
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Estúdio Tiazinhah Sw

Ella llegó al bar de swingers con un vestido ajustado que apenas le cubría el culo prieto y los pechos perfectamente redondos, apretados en un sujetador de encaje negro que ya dejaba ver los pezones duros como piedras. Su marido, un tipo de espalda ancha y mirada lasciva, la siguió de cerca mientras ella se pavoneaba por entre las mesas, mordisqueándose el labio inferior y lanzando miraditas a los grupos de parejas que ya se manoseaban sin pudor. No habían pasado ni cinco minutos cuando un macho de brazos musculosos y polla gruesa como un brazo la agarró del pelo y la empujó contra la pared de la cabina, arrancándole el tanga de un tirón para hundirle la verga hasta el fondo. Ella soltó un gemido agudo que resonó por todo el local, arañando la espalda del desconocido mientras él la empotraba con embestidas brutales que hacían temblar sus tetas redondas y firmes. Pero el verdadero susto llegó cuando el segundo tipo, un rubio de ojos verdes y sonrisa perversa, se acercó por detrás y le metió dos dedos en el coño chorreante antes de bajarse la cremallera y clavarle la polla hasta las pelotas. Ella, lejos de asustarse, arqueó la espalda y abrió más las piernas, pidiendo a gritos más placer, con la saliva escurriéndosele por la barbilla y los muslos empapados en sudor y jugos. El marido, lejos de sentirse celoso, se masturbaba con la mano en el bolsillo mientras su esposa se dejaba reventar por dos vergas duras, una en cada agujero, gimiendo como una perra en celo. Las tetas le botaban con cada embestida, la polla del primero le golpeaba el clítoris al ritmo de las acometidas, y el segundo le llenaba la boca con su leche espesa mientras le apretaba los pechos con fuerza brutal. Cuando por fin se corrió, fue un tsunami de fluidos que le resbalaron por los muslos y le dejaron el culo marcado con marcas rojas de dedos apretando carne blanda. El local entero olía a sexo sucio, a piel sudorosa y a semen caliente, y ella, exhausta pero satisfecha, se dejó caer contra la pared mientras los dos tipos se limpiaban con toallas improvisadas y su marido se acercaba para besarla en los labios manchados de corrida.

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