Kira se la chupa al vecino infiel mientras le coquetea
Kira llevaba días provocando al marido de su vecina con miraditas que dejaban la polla dura al instante. Cada vez que él salía del garaje con esa camiseta ajustada que marcaba su culito prieto, ella se humedecía sin poder evitarlo. Un día, tras un par de copas de más, el tipo se acercó con una sonrisa pícara y ella supo que no habría vuelta atrás. Lo recibió en su casa con un vestido tan corto que solo bastó un tirón para dejar al descubierto su coño empapado y unas tetas que pedían a gritos que las manosearan. Él no perdió tiempo: la agarró por el pelo y le clavó la polla hasta el fondo mientras Kira gemía como una puta en celo, con los labios bien abiertos tragándose cada centímetro de esa verga gruesa que le reventaba las entrañas. La empotraba contra la pared con embestidas tan brutales que el culo le temblaba, y ella, sin poder aguantar más, se dejó caer de rodillas para chupársela hasta dejarla reluciente de babas. Cuando por fin la sacó, Kira se puso en cuatro patas sobre el sofá, mostrando ese culo redondo que pedía a gritos que la llenaran por detrás. Él no desaprovechó la oportunidad: le dio una palmada en el cachete y se la metió de un solo empujón, haciendo que sus tetas rebotaran con cada embestida. Los gemidos de Kira llenaban la sala, mezclándose con los sonidos húmedos de carne contra carne mientras él le metía los dedos en la boca para que los chupara mientras le reventaba el coño a fondo. Cuando por fin explotó dentro de ella, dejando una corrida espesa goteando por sus muslos, Kira se corrió al mismo tiempo, con los jugos resbalándole por las piernas y las tetas pegadas al sofá. El vecino, satisfecho, se limpió el sudor de la frente mientras ella se quedaba tirada en el suelo, jadeando y con las bragas hechas trizas. No importaba que fuera la mujer de otro, porque después de esto, Kira solo quería más: más polla, más gemidos y más corridas calientes empapándole el coño.