Lara con sus tetas enormes chupa polla hasta correrse
Lara, la mamita de tetas gigantes, no puede resistirse cuando ve esa verga gruesa y palpitante que se le clava en la boca sin piedad. Cada vez que el cabrón se acerca con su miembro bien tieso, ella se humedece al instante, se lame los labios y se abalanza como una perra en celo, con los pezones duros rozando su propio vientre. El frenillo de esa polla gruesa le roza el paladar y las amígdalas, haciéndola babear mientras intenta tragarla hasta el fondo, pero al principio solo logra meter la mitad, gimiendo con los ojos llorosos por el esfuerzo. Con una mano le agarra el tronco para bombearlo lento, mientras con la otra le masajea los huevos pesados que parecen a punto de reventar, sintiendo cómo se le endurecen cada vez que ella acelera el ritmo y le lame el glande con movimientos circulares. La saliva le resbala por la barbilla en hilos gruesos y babosos, mezclándose con los gemidos ahogados que escapan de su garganta cada vez que la polla le golpea la campanilla. De pronto, el tipo la agarra de la nuca y la empala sin piedad, metiéndosela hasta el fondo de la garganta en un golpe seco que la hace atragantarse, pero en vez de quejarse, susurra un 'puta madre' mientras los ojos se le ponen vidriosos. Con las tetas rebotando por el movimiento brusco, Lara se deja llevar por el instinto y se chupa esa verga como si no hubiera mañana, metiéndosela hasta las amígdalas mientras el cabrón le sujeta la cabeza y le mete hasta los huevos en la boca. Los sonidos de tragos forzados y gorgoteos mezclados con los gemidos de ella llenan el aire, mientras las venas de la polla se le marcan más por la excitación. Cuando por fin el tipo le avisa que se va a correr, ella abre bien la boca y saca la lengua para recibir el primer chorro de leche espesa en la jeta, luego otro que le baña la cara, y el tercero que le cae directo en los senos gigantes que le tiemblan con cada contracción. Lara se queda ahí, jadeando, con la cara empapada en semen y la boca llena de restos calientes, mientras se limpia los labios con el dorso de la mano y susurra 'qué rica está esta leche', antes de que el cabrón se la vuelva a empotrar para una segunda ronda.