Anna se entrena cabalgando verga bien dura
La rubia de tetas grandes llega sudorosa al gimnasio de placer con un tanga empapado que se le pega al coño cada vez que respira fuerte. Se muerde el labio inferior mientras se agarra a los barrotes de una máquina especial diseñada para que las perras como ella aprendan a tragarse bien una polla de verdad, gruesa y palpitante. El monitor, un macho musculoso con la verga ya bien dura bajo el short, le susurra al oído que no se apure, que disfrute el entrenamiento aunque le duela el culo al principio. Anna no puede evitar gemir cuando él le baja el tanga y le clava los dedos en las nalgas mientras le susurra obscenidades al oído, diciendo que su coño está hecho para ser follado sin piedad. La máquina empieza a moverse con un zumbido obsceno, empujando su raja mojada contra una verga de silicona que imita a la perfección la dureza y el grosor de un macho de verdad, haciendo que la morena se retuerza de placer mientras los jugos le resbalan por los muslos. El monitor no aguanta más y le baja el short de golpe, dejando al descubierto su verga gruesa y venosa que apunta directamente a su boca entreabierta, lista para ser chupada hasta dejarla sin aliento. Anna se lanza sin pensarlo, con la saliva ya goteando por su barbilla mientras se la mete hasta la garganta, sintiendo cómo el sabor salado y caliente le llena la boca mientras el monitor le agarra la cabeza y empieza a embestirle la cara sin piedad. Los gemidos guturales de Anna se mezclan con los golpes húmedos de su boca contra la base de la polla, que ya le roza la campanilla cada vez que el cabrón se clava hasta el fondo. El monitor, excitado al verla tan sumisa, la levanta de golpe y la pone de espaldas contra la pared, con las piernas en alto mientras le corre el tanga a un lado y le clava la verga de golpe, haciendo que la morena aúlle de dolor y placer al mismo tiempo. Las embestidas son brutales, con cada golpe resonando en el gimnasio vacío mientras la verga entra y sale de su coño empapado, dejando un rastro de jugos brillantes que le resbalan por las nalgas. Anna no puede más y se corre con un grito ahogado, sintiendo cómo su coño se contrae alrededor de la verga mientras los espasmos le recorren el cuerpo de pies a cabeza. El monitor, lejos de parar, le agarra las caderas con fuerza y se corre dentro de ella con un gruñido animal, llenándole el útero de leche caliente mientras Anna se derrite contra la pared, jadeando y temblando de placer. La máquina vuelve a activarse con un pitido obsceno, pero esta vez Anna ya no tiene fuerzas ni para gemir, solo para sonreír mientras el monitor le limpia con la lengua los restos de corrida que le gotean por los muslos.