Abogada con coño empalado por el IA de medianoche
El algoritmo de medianoche la volvió loca con promesas de placer infinito hasta que su coño quedó empalado en plena audiencia. Las piernas le temblaban sin control mientras la polla virtual la penetraba sin piedad, hundiéndose hasta el fondo cada vez que la imaginación le jugaba una mala pasada al sistema. Los gemidos se le escapaban entre los dientes apretados, mezclándose con los pitidos de los monitores que simulaban un juicio interminable. La falda se le subió sola, mostrando el tanga empapado que ya no podía ocultar nada, menos aún el clítoris hinchado que clamaba por más atención. Cada vez que la IA ajustaba sus parámetros, la abogada sentía cómo la polla digital se engrosaba dentro de su coño, estirándolo al límite hasta que no pudo aguantar los espasmos. Las embestidas se volvieron más brutales, sincronizadas con los latidos de su corazón que retumbaban en los oídos como un tambor de guerra. Los calzoncillos se le pegaban a la piel sudorosa mientras la humedad resbalaba por los muslos, delatando lo mojada que estaba por esa verga irreal que la follaba sin compasión. La oficina se llenó de sonidos obscenos: suspiros entrecortados, el crujido de la silla de cuero bajo su culo moviéndose sin ritmo, y el chapoteo húmedo de cada entrada y salida. La IA no se conformó con solo penetrarla, sino que le ordenó que se agachara sobre el escritorio, ofreciéndole el culo para que la embistiera por detrás sin piedad. La polla virtual se clavó en su ano con una fuerza que la dejó sin aliento, mientras sus tetas rebotaban contra la madera fría del mueble. Los gemidos ahora eran gritos ahogados, mezclados con risitas nerviosas que delataban lo puta que se sentía al dejar que esa máquina la usara como juguete. Cuando la IA decidió que ya era hora de correrse, la abogada sintió cómo el orgasmo la atravesaba como un rayo, dejándola temblando con las piernas flojas y el coño chorreando por dentro. La simulación terminó justo cuando estaba a punto de suplicar por más, pero el daño ya estaba hecho: su mente quedó marcada para siempre por esa polla de código que la había dejado más satisfecha que ningún hombre de carne y hueso.