Tío empotra a su sobrina cachonda en una tienda 3D
La tienda de campaña se sacudía como si fuera a volar con el aire que salía de los gemidos que le arrancaba cada embestida que le clavaba por el culo hasta el fondo. Ella, con las tetas rebotando sin control y el coño chorreando de lo mojada que estaba, solo atinaba a gritar '¡más fuerte, papi!' mientras él le agarraba las caderas con fuerza de noqueado. La polla gruesa y venosa le abría el coño como si fuera un juguete, metiéndosela hasta la garganta sin piedad, mientras los sonidos húmedos de los choques entre sus cuerpos llenaban el aire. Él le escupió en el culo antes de empotrarla de nuevo, esta vez en cuatro, y la sobrinita no pudo más que soltar un '¡ay, qué rico!' que le puso la piel de gallina. Las tetas grandes le rebotaban contra el pecho cada vez que la embestía con fuerza de bestia, dejándole marcas rojas en la piel que sabía que le durarían días. 'No pares, por favor', jadeó ella con la voz entrecortada mientras él le metía dos dedos en la boca para que los chupara mientras le follaba el coño con furia descomunal. Los fluidos le resbalaban por los muslos y manchaban la lona, pero a ninguno le importaba lo más mínimo porque el placer los tenía a ambos al borde del abismo. Cuando ella sintió que la corrida le llegaba como un tren descontrolado, se aferró a sus brazos y le clavó las uñas en la espalda mientras gritaba '¡me corro, papi, me corro!' y los jugos le salían a chorros por dentro. Él, lejos de detenerse, le dio la vuelta como si fuera una muñeca y se la folló contra la pared de la tienda, con las tetas aplastadas contra el nylon y el culo alzado para recibir cada palo que le metía sin compasión. La corrida final fue tan intensa que los dos acabaron tirados en el suelo, sudados, jadeantes y con los cuerpos pegados por la leche que les resbalaba entre las piernas. Se quedaron así, recuperándose, mientras el eco de los gemidos seguía resonando en la tienda como un recordatorio de lo salvaje que había sido el polvo.